Cuando te plantas ante un cómic de grandes dimensiones, con una encuadernación que ya de entrada se salta el clásico lomo (de estilo egipcio, por cierto), completamente mudo y, para más inri, en blanco y negro, empiezas a sospechar que no encontrarás una obra cualquiera. Y cuando, además, lleva el sello de Mondo Cane Book (todavía no me aclaro de cómo diantres se pronuncia) entiendes que la propuesta, cuanto menos, será diferente a lo convencional, pues el sello, en su aún corta existencia, siempre ha apostado por obras que se salieran del canon pero que aprovecharan e investigaran las posibilidades que les brindaba este noveno arte en continua necesidad de reivindicarse (aunque este sea un debate para otro momento).
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