Cuando te plantas ante un cómic de grandes dimensiones, con una encuadernación que ya de entrada se salta el clásico lomo, completamente mudo y, para más inri, en blanco y negro, empiezas a sospechar que no te encuentras ante una obra cualquiera. Y cuando, además, lleva el sello de Mondo Cane Book (todavía no me aclaro de cómo diantres se pronuncia) entiendes que la propuesta, cuanto menos, será diferente a lo convencional, pues el sello, en su aún corta existencia, siempre ha apostado por obras que se salieran del canon pero que , a su vez, aprovecharan e investigaran las posibilidades que les brindaba este noveno arte en continua necesidad de reivindicarse (aunque este sea un debate para otro momento).
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